Entrevistas

Josep Maria Gatell: “La información sobre el sida no ha hecho que cambien las conductas sexuales”

El doctor Josep Maria Gatell es el director de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital Clínic de Barcelona
El doctor Josep Maria Gatell es el director de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital Clínic de Barcelona

Han pasado tres décadas desde que se descubrió el sida, una enfermedad infecciosa provocada por el virus VIH. La evolución en la investigación de esta dolencia a lo largo de los años ha presentado grandes avances, hasta el punto de que el sida, que antes significaba una muerte segura, ha conseguido un tratamiento que garantiza una mayor calidad y esperanza de vida, más equiparable a la de la población general. El doctor Josep Maria Gatell es el director de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital Clínic de Barcelona, experto en el tratamiento del virus VIH y muy optimista de cara al futuro. CLÁUDIA MORÁN.

 

Debido a los grandes avances en la enfermedad del sida, la percepción que tenemos de ella ha cambiado. Pero, ¿es suficiente la concienciación que tenemos de esta enfermedad para asegurar su prevención?

Creo que la información sobre el sida y cómo se transmite el virus hace mucho que  la conoce prácticamente todo el mundo. El problema es que con información no es suficiente, lo que hay que hacer para que se deje de transmitir el virus es cambiar las conductas en base a esta información y cambiar conductas, pero cambiarlas cuando se trata de una enfermedad de transmisión sexual es muy difícil, todavía no se ha conseguido del todo. La gente, en general, tiene la información suficiente, pero esta información no hace que se cambien las conductas ni los hábitos sexuales.

 Hace 30 años que conocemos el sida y ha sido en los últimos 15 cuando se han obtenido los mayores avances, con la evolución terapéutica y la aparición de los tratamientos más eficaces. ¿Esto ha hecho que la gente pierda la sensación de riesgo y se relaje en el momento de tomar medidas de prevención?

Sí, es probable que los avances en el tratamiento del sida hayan hecho que la gente se haya relajado y haya perdido la sensación de riesgo. En la persona que está infectada por el virus del sida desde 1996, la tasa de respuesta al tratamiento es muy alta, la mortalidad es baja y la esperanza de vida se parece bastante a la de la población general. Por tanto, eso puede hacer que haya personas que piensen “mejor que no me infecte, pero si me infecto ya me diagnosticarán y me tratarán y no pasará nada, así que no hace falta que tome precauciones”. Esto es un error porque la infección por VIH no deja de ser una enfermedad crónica que dura toda la vida, que necesita un tratamiento durante toda la vida, que el virus no lo podemos erradicar y que la esperanza de vida de una persona infectada no es todavía exactamente igual a la de la población general. Es decir, que una persona infectada, por mucho que la tratemos y por muy bien que responda al tratamiento, tiene una esperanza de vida un poco inferior a la de la población general y, por tanto, como con cualquier enfermedad infecciosa, es mejor no infectarse.

Hoy tenemos medicamentos con menos efectos secundarios y un menor grado de toxicidad para el organismo. ¿Puede ejercer un infectado de sida una vida laboral y social prácticamente normal?

La mayor parte de las veces, sí. Más del 90% de las personas infectadas por VIH, si hacen bien las cosas, responden bien al tratamiento, tienen una esperanza de vida larga, semejante a la de la población general, y una buena calidad de vida -y por buena calidad de vida podemos hablar de tener una vida social, familiar y laboral totalmente normal-. Pero el precio que han de pagar es que necesitan hacer un tratamiento de por vida, someterse a un control médico 2 o 3 veces al año y estos tratamientos ocasionalmente son tóxicos o dan problemas.

Hablando de calidad de vida, también se presenta la cuestión del envejecimiento precoz de las personas que padecen sida. ¿Cómo se está afrontando este problema desde el ámbito de la investigación?

El hecho de dar tratamiento a un enfermo de sida hace que se reduzca la replicación viral, que esta persona no se muera y que su calidad de vida sea, como comentaba antes, semejante a la de la población general. Pero este virus no se erradica y estas personas que aparentemente responden al tratamiento siguen con una inflamación crónica de su sistema inmunológico, lo cual es muy similar al proceso de envejecimiento en la población general. Hay investigadores que han calculado que una persona infectada que responde bien al tratamiento tiene una esperanza de vida unos 10-15 años inferior a la población general, y cuando en su carnet de identidad pone 50 años (su edad cronológica), la edad fisiológica podría ser de 60 o 65 años: eso es lo que podemos denominar envejecimiento precoz. Hoy por hoy, este hecho está constatado, está demostrado, pero no sabemos cómo revertirlo y probablemente lo único que podemos aconsejar es hacer el diagnístico del VIH lo más precozmente posible e intentar comenzar el tratamiento retroviral lo antes posible.

Al ser una enfermedad crónica, es muy importante el cumplimiento terapéutico por parte de los pacientes. ¿Presentan una buena adherencia terapéutica, es decir, cumplen? Y si no lo hacen, ¿a qué se debe?

Todas las enfermedades que requieren un tratamiento de por vida tienen problemas de cumplimiento terapéutico. Los pacientes nunca cumplen al 100% las medicaciones prescritas, sobre todo cuando se las tienen que tomar cada día durante el resto de sus vidas. En el caso del sida es aún peor, porque si dejas de seguir el tratamiento, a corto plazo te sentirás mejor que si no lo estás haciendo. Sin embargo, si tú eres diabético y dejas de tomar insulina, al cabo de dos días tendrás un coma diabético, y si sobrevives no se te ocurrirá nunca dejar de tomar insulina porque lo habrás pasado muy mal. Por contra, si tú tienes una infección por VIH y dejas de tomar el tratamiento, en los próximos meses te sentirás mejor que cuando lo tomabas, porque las pequeñas molestias que ocasiona no las tendrás y, por tanto, no hay un castigo inmediato. Eso hace que, ocasionalmente, un determinado porcentaje de personas no se tome toda la medicación prescrita o no se la tome los fines de semana o en vacaciones, lo que comporta problemas. Pero la naturaleza humana es así.

En el caso de la mujer, por sus condiciones fisiológicas propias, como la menstruación y el embarazo, se establece un mayor contacto con la sangre. ¿Se están haciendo avances en el estudio del sida bajo una perspectiva de género?

La importancia del diagnóstico precoz es la misma para el hombre y para la mujer, pero no sólo en las enfermedades infecciosas, esto pasa en todas las enfermedades. Por ejemplo, los oncólogos siempre dicen que hay que diagnosticar los tumores cuando aún no se han extendido, cuando aún es algo muy local que se pueda extirpar. En el caso del cáncer de mama, cuando está extendido y hay metástasis en los huesos, la tasa de curación es muy baja, y lo mismo ocurre en las enfermedades infecciosas: cuanto más precozmente las diagnostiquemos y antes las comencemos a tratar, el pronóstico y la respuesta serán mejores, y el sida no es una excepción, tanto para los hombres como para las mujeres.

Según los estudios, el 30% de las personas infectadas no sabe que lo está porque no tiene ningún síntoma. ¿Están suficientemente formados los sanitarios de atención primaria para detectar en sus pacientes actividades de riesgo para la transmisión de la enfermedad?

No son sólo los sanitarios de atención primaria, ya que diagnosticar a este 30% de personas que están infectadas y no lo saben es una tarea en la que también colaboran los sanitarios de urgencias, los dermatólogos, los hematólogos y cualquier otra especialidad médica. Por tanto, es una sensibilización que se debe llevar a cabo por todo el personal sanitario en general, aunque los médicos de familia pueden jugar un papel importante, pero no especialmente. Y, en general, yo diría que los profesionales sanitarios sí están formados para detectar el sida y tienen la posibilidad de pedir el respectivo análisis. El tema es que piensen, que hagan las preguntas adecuadas, que tengan tiempo para hacerlas (la duración de una visita de atención primaria es de entre 5 y 7 minutos y a veces no hay tiempo) y que entre todos se contribuya a mejorar.

¿Dinamiza el proceso trabajar en red en las investigaciones?

Sí, las investigaciones son cada vez más un tema global, y las redes de investigación existentes favorecen el contacto y el diálogo entre grupos de investigación.

Las actuaciones contra el sida que se llevan a cabo en África Subsahariana pueden suponer un gran choque cultural como, por ejemplo, con el fomento del uso del preservativo. ¿Qué problemas son los más frecuentes al trabajar allí?

Nosotros particularmente colaboramos con dos unidades de tratamiento del VIH, en Senegal y en La India, esta última en colaboración con la Fundación Vicente Ferrer. Lo importante es que en estos países las cosas se hagan siguiendo unos estándares similares a los que tenemos nosotros aquí, porque así aseguramos que la respuesta al tratamiento sea buena y la mortalidad se pueda reducir de una manera muy importante, como hemos conseguido aquí. Los problemas que comporta son muchos, culturales y sociales, pero el básico es que para iniciar un tratamiento del sida alguien tiene que pagarlos, y son caros y para toda la vida. Y eso que en estos países subdesarrollados usan genéricos, que son más baratos, ayudas del Fondo Mundial de Lucha contra el Sida o el Fondo Presidencial de EEUU. Pero se ha de asegurar que el gobierno local de Senegal o India suministre los tratamientos necesarios y con una cierta regularidad. La segunda cosa que hay que hacer es garantizar una cierta infraestructura sanitaria, un personal formado que la suministre y un laboratorio de análisis que monitorice la respuesta al tratamiento.

 En cuanto a la investigación de las vacunas preventivas contra el VIH, ¿qué grado de evidencia tenemos hoy en día sobre sus efectos beneficiosos de cara al futuro?

Hay programas de investigación de vacunas preventivas en muchos lugares del mundo. Aquí mismo, en Barcelona, tenemos un programa regional llamado HIVACAT, llevado a cabo conjuntamente entre el Hospital de Can Ruti y el Hospital Clínic. También hay programas en Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Hoy en día, las vacunas preventivas se tienen que considerar un tema de investigación, ya que no hay ninguna que se pueda aplicar a la clínica rutinaria ni nadie puede avanzar todavía una fecha para implantarlas. Pero vale la pena seguir invirtiendo esfuerzos y dinero en ellas porque el asunto de los tratamientos ya está bastante resuelto y esto permite mejorar otras cosas, como intentar que no se infecten nuevas personas, y sólo tendremos éxito si tenemos una buena vacuna preventiva.

ESCUCHA LA ENTREVISTA COMPLETA AQUÍ:

 

 

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